Entrevistas

  • Desaprovechamos las herramientas que la tecnología nos da.

    Tras los buenos resultados observados en un primer momento a finales del siglo pasado, con la introducción de prácticas conservacionistas como el sistema de siembra directa (SSD) en la región, llegó un periodo en que la productividad se estancó. En coincidencia justamente con un “relajamiento” en la difusión de esas acciones. Hoy, desde la Fepasidias, se desea, mediante un ambicioso plan, reencauzar los buenos rindes en coincidencia con los 30 años de la adopción del SSD en Paraguay. A continuación, las reflexiones que el presidente de la organización, Luis Enrique Cubilla, brindó en ocasión de una reunión con representantes de la prensa especializada en el sector.

    _ Prensa. ¿Cómo surgió Fepasidias?
    _ Cubilla. De una iniciativa de los productores quienes desean crear más conciencia e institucionalizar las acciones. Por ello, hace más de 23 años, nació la federación. Agrupa desde entonces a 10 asociaciones de productores que practican el SSD como método para mejorar sus chacras, el medio ambiente y de esta forma aumentar la calidad de sus suelos y de sus vidas, obteniendo mayores rendimientos con sus cultivos. La Fepasidias, a su vez, forma parte de la Confederación de Asociaciones Americanas para la Agricultura Sustentable (CAAPAS).

    _ Prensa. ¿Cuál fue el escenario hace 30 años y cómo fue la adopción del SSD en Paraguay?
    _ Cubilla. Como práctica, la siembra directa se incorporó en el 85. Pero era todo muy nuevo y sin mucha difusión, con el punto favorable que algunos agricultores dejaron de arar. Se fue dando de manera gradual, algunos en forma simultánea en varios puntos. En nuestra región, se inició en el estado de Paraná, en Brasil, luego ingresó a Paraguay y se extendió a otros puntos. Con la expansión de la agricultura, tomamos el caso de la soja, a finales de la década de los sesenta y en los setenta del siglo pasado, se fueron registrando niveles bajos de productividad. Los rendimientos en promedio no pasaron de 1.500 kg por hectárea e incluso en los noventa ya mostró una caída. Todo esto porque se sembraba sobre suelo desnudo, bajo siembra convencional. Entonces tuvimos el valioso apoyo de la agencia técnica alemana, la GTZ, lo que representó un enorme respaldo que no tardó en mostrar los beneficios.

    _ Prensa. Supuso el mejoramiento de los niveles de producción…
    _ Cubilla. Fue todo un sistema revolucionario para aquel tiempo, pues hizo tanto bien al progreso de la agricultura, en un momento crítico y fue oportuno para resolver el problema principal de aquel entonces, como lo era la erosión de los suelos. Este año, el Paraguay conmemora los 30 años de los inicios del SSD en sus campos agrícolas. Gracias a unos agricultores pioneros que introdujeron el sistema conservacionista y sustentable de suelos. En los siguientes diez años pasamos de un promedio que no superó los 1.500 kg por hectárea a una media de 2.500 kg por hectárea, para el caso de soja.

    _ Prensa. ¿Cómo fue el trabajo de campo?
    _ Cubilla. La recuperación de la producción se dio acompañada de un gran trabajo de difusión. Casualmente los diez años que duraron las capacitaciones y nuestras preocupaciones como técnicos para llevar la tecnología, con las salidas de campo, las pruebas, las parcelas demostrativas, se dio esa mejora. Pero cuando terminó el programa de la GTZ, el apoyo económico fuerte cayó y se estancó la producción. Increíblemente, la productividad se estancó por los siguientes quince años, aproximadamente.

    _ Prensa. ¿Dónde también pudo haber fallas?
    _ Cubilla. Creo que al continuar con otros trabajos, nos olvidamos un poco de mantener una comunicación con el productor, con los técnicos, sobre los procesos de siembra directa. Creíamos que todo se sabía, que todo estaba resuelto y nos equivocamos. Como todo, se debe seguir investigando, trabajando, difundiendo. Hubo gente que siguió, pero no hubo tanto acercamiento con los productores como fueron los primeros diez años, con un trabajo intenso, cuando se resolvieron muchos problemas, como por ejemplo en la zona de San Pedro, con suelos frágiles, marginales.

    _ Prensa. ¿Y los adelantos de tecnología?
    _ Cubilla. Justamente ese fue otro punto que resaltamos. En 15 años no hubo aumento de producción y esto es un problema porque en todo este tiempo hubo avances tecnológicos. Con todos los avances, como SSD, manejo de suelo, biotecnología, semillas mejoradas sea de soja, maíz, trigo, el rendimiento no aumentó en promedio. Ciertamente también en campañas recientes los precios no acompañaron y esto es un motivo que limita al productor. Hay otros aspectos, como la alta presencia de semillas caseras, pocas certificadas. Eso incide, pero estamos desaprovechando las herramientas que la tecnología nos da. Hay estudios razonables y espectaculares en manejo de suelo. No se usan y estamos preocupados.

    _ Prensa. ¿Cómo surge de vuelta el interés?
    _ Cubilla. No fue sino hasta el 2013, aproximadamente, cuando detectamos la gran caída del área de cobertura de SSD. En quince años se estancó la productividad promedio y decidimos realizar trabajos con estudios satelitales y nos percatamos que, tres haber estado con el 90% por no decir el 100% de la superficie de soja cultivada bajo SSD, caímos al 78% de cobertura de SSD, con una tendencia a volver a lo convencional. Ahí surgió la preocupación y empezamos a diseñar estrategias, entre ellas la necesidad de volver a realizar cursos de capacitación para los técnicos y productores. Retomamos las acciones en el 2014 y luego entre el 2015 y 2016 se incentivaron los cursos que desarrollamos en diferentes lugares del país, principalmente en el área de influencia de la región granelera.

    _ Prensa. ¿Cuál es la reacción del agricultor?
    _ Cubilla. Si bien felizmente vemos una notable recuperación, también vemos la preocupación del agricultor que está dejando el sistema. Entre los argumentos que indicaron están resistencia de malezas a herbicidas, problemas de compactación del suelo y otros. Pero estamos buscando la forma de hacer un estudio real para conocer más detalladamente. Un punto fundamental que nos dieron es que hubo disminución de rotaciones de cultivos con respecto a anteriores campañas. Aquí influencia mucho el aumento de la zafriña de soja. Se incrementa cada vez más. La soja no tiene materia orgánica residual. Al no tenerla, automáticamente va en contra de la salud del suelo. La misma rotación, la mala fertilización de los cultivos, la poca realización de análisis de suelo son otros problemas que notamos. Los productores no invierten en su suelo, principalmente en saber cuál es el problema que tiene. Muchos no conocen y no usan, por ejemplo, los servicios de los muchos laboratorios buenos que existen localmente. En los últimos 10 o 15 años se instalaron unidades de altos niveles.

    _ Prensa. ¿A qué se juega Fepasidias?
    _ Cubilla. Se está jugando, mediante el manejo de suelo, más tecnología en semilla, más tecnología en fertilización, buenas prácticas agrícolas, todo el paquete disponible, a escalar niveles. Confiamos en que corriendo algunos aspectos vamos a lograr altos beneficios a la economía del país, con un gran impacto beneficioso para toda la población, no solo para el productor. Aquí se prevé un derrame impresionante del dinero que mete la agricultura en general y la soja en particular. El impacto de un mayor rendimiento de la soja en el PIB. Hoy nuestros niveles con suerte están en 2.500 kg por hectárea en promedio. Planteamos tres escenarios. Si logramos elevar a 3.000 kg por hectárea, va a dar un crecimiento de casi el 16%. En producción representaría un volumen de 9,9 millones de toneladas y eso va a contribuir en 1,8% del PIB, sólo como aporte de la soja. El escenario de 3.500 kg supondría 35% más de crecimiento en la producción, con un volumen de 11,5 millones de toneladas y con un aporte de casi 4% al PIB. Estos son los valores que Fepasidias se va a jugar. Estos son los valores que va a hacer que el Paraguay crezca mucho más rápido de lo que pensamos, porque la agricultura tiene que retomar su lugar de primera importancia en la formación del PIB nacional. Estos escenarios lo hacemos con la misma área y los mismos precios. En materia de superficie, si mejora, se va a dar un aumento natural del área, en donde los campos ganaderos van a ir incorporándose. Hay ganaderos que ya están haciendo, porque se dan cuenta de los beneficios.

    _ Prensa. Con el paquete tecnológico se logra contribuir al PIB y más beneficios, entonces…
    _ Cubilla. Los efectos del aumento de productividad sobre la cadena son brutales, estimativamente. Solo en cuestión de necesidad de viaje en camiones, hoy tenemos 270 mil viajes para llegar a los puertos, con los valores actuales. Si llegamos a las 3 toneladas por hectárea, vamos a ir a 360 mil; con 3,5 toneladas, vamos a ir a 425 mil y con 4 toneladas, casi 500 mil viajes. Esto representa renovación e incorporación de una flota sustancialmente importante de camiones, con la demanda de conductores y todo el derrame que viene detrás de eso. Esto va a impulsar también la concreción de instalaciones como ferrocarriles de soja, de cargas en general; o necesidades de viajes de barcazas. Hoy tenemos 8 millones de toneladas capacidad estática. Vamos a ir a casi 10 millones, luego a 11,5 millones. Son silos que cuestan 200, 300 dólares por tonelada y eso es mano de obra, de construcción, de gente, personal capacitado. El impacto en el sector naviero, se van a requerir más barcazas y por ende más tripulación y por ende más mano de obra. Es lo que apuntamos como federación. Apuntamos a estos números. Es lo que enseñamos a los productores, así como el valor de su trabajo y el valor de trabajar bien. Obviamente esto significa mejores ingresos para ellos mismos.

    _ Prensa. Mensaje final
    _ Cubilla. Aquí lo importante es insistir con las buenas prácticas agrícolas, con el manejo de suelos, con la siembra directa y la rotación de cultivos. Es la base de todo. El objetivo de aumentar la productividad en promedio, de 2.500 kg a 4.000 kg, trae aparejado una mayor producción agrícola, mayores ingresos para el productor y el país y la tercera pata de esto, además de las buenas prácticas y el aumento de rendimientos, es el crecimiento económico esperado para el país, de hasta el 6,1%, con todo efecto derrame sobre otros sectores que se requiere considerar. Esto se vio, se ve y se va a ver en los pueblos del interior, con un crecimiento y desarrollo fantástico. Lo importante es que cada quien desde su postura ponga su grano de arena. Por ejemplo, desde organizaciones como la Cámara Paraguaya de Exportadores y Comercializadores de Cereales y Oleaginosas (Capeco), el Instituto de Biotecnología Agrícola (Inbío), la Unión de Gremios de la Producción (UGP) ya están acompañando esto. Esperemos que otras como la Federación de Cooperativas de Producción (Fecoprod) se una a esto. El apoyo es importante, conseguimos aporte del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), pero no debemos pensar en recibir este tipo de financiación de organizaciones como esta. Tenemos que preocuparnos en autofinanciarnos. Tenemos la ventaja que la base está hecha pero necesitamos de recambios. Vemos que hay jóvenes, hijos de agricultores brasileños, que ya se formaron en el país. Complementaron su experiencia de campo desde la niñez con estudios universitarios. Muchos son profesionales agrónomos y a ellos también hay que involucrarlos y ya lo estamos formando. Contamos con campos experimentales para desarrollar las investigaciones y que bien pueden ser motivo de trabajos de doctorados. El apoyo oficial existió solo cuando la GTZ financiaba. La preocupación es que si no hacemos, si las empresas, los agricultores y los profesionales privados no se involucran en serio en este tema, no vamos a poder llegar a lo que la ciencia nos ofrece en este momento.