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Duro castigo para el campo

La Cámara Paraguaya de Exportadores y Comercializadores de Cereales y Oleaginosas (Capeco), la Unión de Gremios de la Producción (UGP), y la Federación Paraguaya de Siembra Directa para una Agricultura Sustentable (FEPASIDIAS) dieron a conocer la situación y producción de soja de la campaña 2018-2019 en la Región Oriental del país. El informe, presentado en la sede de Capeco el 16 de mayo, confirma el bajo rendimiento del principal rubro agrícola de Paraguay. Los relevamientos indican que la producción de la oleaginosa sería de 7.854.600 toneladas, lo que representa una merma del 23,5% en comparación a la campaña 2017-2018.

Los resultados que deja la campaña sojera 2018-2019 están lejos de lo que se esperaba. La zafra fue duramente castigada por el factor climático. Esta situación, a la que se debe añadir los bajos precios y los problemas internacionales que frenan el comercio de la oleaginosa, presentan un panorama negativo que se extendería mínimamente por dos años. “Quisiéramos presentarles datos más halagüeños, pero hoy estamos en una situación bastante distinta a cuando comenzó la campaña, allá por setiembre del año pasado”, señaló José Berea, presidente de Capeco.

El sector viene de cuatro años de ajustes de precios, pero con buenos rendimientos en el campo, mencionó Héctor Cristaldo, presidente del Consejo Directivo de la UGP. Recordó que el último impacto negativo del clima sobre la producción agrícola se produjo en el 2012, campaña que fue afectada por una gran sequía y que dejó un rendimiento promedio de 1.800 kg/ha.

El Ing. Agr. Luis Cubilla, asesor de Capeco, afirmó que después de muchos años no se lograron las metas establecidas. Las consecuencias ya comenzaron a hacerse sentir en el país, con un receso importante en todos los niveles económicos y la confirmación de la importancia de la cadena de producción sojera en la economía local. “Un año malo para la soja es un año malo para todo el país”, expresó.

Radiografía de la zafra 2018-2019

Para tener un panorama más claro de lo que fue la campaña, Cubilla presentó los resultados por etapa de siembra. Recordó que el inicio de la siembra estuvo acompañada por una primavera lluviosa, y que los productores decidieron adelantar el cultivo más de lo habitual. Muchos ya iniciaron en el mes de agosto, presionados por la necesidad de realizar la zafriña de soja.

Las sojas tempraneras, cultivadas hasta el 15 de setiembre, emplearon una superficie de 1.000.000 de hectáreas, cerca del 30% del área total. Estás fueron sembradas en un escenario de temperaturas muy frescas, exceso de lluvias, y pocas horas de luz. Las consecuencias fueron plantas con poco desarrollo y de muy baja productividad. El promedio en esta época fue de 1.800 kg/ha, con un rendimiento total estimado de 1.800.000 toneladas.

En segundo término se encuentran las variedades de ciclo medio, sembradas desde el 15 de setiembre al 10 de octubre. En esta época se cultivó 1.300.000 hectáreas, con temperaturas normales y un nivel estable de precipitaciones. Los materiales sembrados en este periodo arrojaron un rendimiento promedio de 2.600 kg/ha, con una colecta total de 3.380.000 toneladas. “Fue la mejor cosecha que tuvimos. Acuérdense que en las cosechas de los últimos años ya rondábamos los 3.000 kg/ha de rendimiento promedio”.

Por último se encuentra una superficie de 1.240.000 hectáreas, sembrada con las sojas tardías, posterior al 10 de octubre. En esta época se presentaron temperaturas elevadas y un déficit hídrico marcado en el mes de diciembre, lo que ocasionó el aborto de flores y vainas de casi todas las variedades. El rendimiento promedio fue de 2.150 kg/ha. “Las altas temperaturas del mes diciembre, y parte de enero, además de la falta de lluvia fueron los factores para que nuestras cosechas vayan al tacho”, señaló.

La producción total a nivel país fue de 7.854.600 toneladas, en una superficie sembrada de 3.544.000 hectáreas. El promedio nacional fue de 2.216 kg/ha. Comparada a la zafra 2017-2018, en la que se logró un rendimiento general de 10.262.575 toneladas, la merma es de 2.407.975 toneladas, lo que equivale a un 23,5% de pérdida.

Consecuencias futuras para la agricultura

Se estima que la mala zafra sojera impacte en la rotación de cultivos, práctica indispensable para mantener las altas productividades, disminuir la erosión y la presencia de plagas y enfermedades. También se espera que repercuta en el área de siembra de trigo, cultivo que normalmente es financiado por la soja “Estamos en pleno momento de siembra de trigo, y estamos notando que la disminución del área de siembra será muy importante con relación al año anterior”, señaló Cubilla.

Otra práctica que se verá comprometida es la utilización adecuada de fertilizantes. Cubilla explicó que ante la baja disponibilidad de recursos económicos el productor disminuye automáticamente el uso de este insumo. El asesor de Capeco señaló que éste es un procedimiento perjudicial, que tiene como consecuencia un bajo rendimiento del cultivo por la deficiencia nutricional. “Si es que no se va a hacer una corrección adecuada del suelo, en cuanto a la fertilidad, muchas veces es mejor no gastar para comprar la mitad de fertilizante”.

La situación también tendrá repercusiones en las inversiones orientadas para la adquisición de maquinarias y mejoramiento de infraestructura de las fincas productivas. Ante esta coyuntura se estima que el agricultor requiera, mínimamente, dos buenas campañas agrícolas para la recuperación. “Fue una zafra muy preocupante, que golpea seriamente la economía del país”.

Impacto en la economía nacional

En la campaña 2018-2019 se presentaron las tres variables que inciden en la rentabilidad de la producción de soja, señaló el Ing. Agr. Héctor Cristaldo. Se sembró con altos costos de insumos, se tuvo una baja productividad a consecuencia del impacto climático, y la oleaginosa actualmente se encuentra en su cotización más baja de los últimos once años. “Todo lo que podía salir mal salió mal”.

Al 23,5% de merma en el rendimiento se le debe añadir una depreciación de la soja del 20%, en comparación a la campaña anterior. Los cálculos presentan una disminución en el ingreso de divisas de 1.340.497.530 dólares.

Esta situación ya tiene consecuencias en la economía local. Cristaldo hizo mención al informe del primer cuatrimestre del Banco Central del Paraguay, en el que se refleja una disminución de 250 millones de dólares en el ingreso de divisas. La suba del dólar es otro síntoma del impacto del mal año agrícola. Dentro de la cadena productiva, el contexto actual prevé la caída en la prestación de servicios de transporte, financieros, y comerciales.

Señaló que es necesario encarar seriamente la caída de la producción en el campo, buscar soluciones junto con el equipo económico del Gobierno. Hoy estamos dando un primer paso, mostrando los números y dando un diagnóstico de la situación real de la gente del campo. A partir de este diagnóstico, si coincidimos la visión con el Gobierno, pedimos sentarnos juntos a buscar soluciones para que la gente siga trabajando”.

El titular de la UGP mencionó que el punto de equilibrio actual en la producción de soja es de 2.440 kg/ha y el promedio nacional es de 2.216 kg/ha. Es decir, muchos son los productores que no llegaron al nivel de rendimiento necesario para salvar sus costos. “Esa gente tiene que ser acompañada, y tenemos que preocuparnos por que sigan produciendo, para que el año que viene tengamos producción y recuperación. No será un proceso corto, nosotros vemos un escenario de 24 meses de ajustes y dificultades”.

Disminución del área de siembra

Una de las posibilidades que se manejan para la zafra sojera 2019-2020 es la reducción del área de siembra. José Berea señaló que alrededor de 500.000 hectáreas, que es la superficie arrendada para el cultivo de soja, pueden restarse para la próxima campaña. “Con estas condiciones, así como cerramos este ciclo, se corre un serio riesgo a que esta superficie vuelva a ser sembrada el próximo ciclo”.

El informe presentado en la ocasión no incluye los cultivos de entre zafra, de la que todavía no se tiene la superficie sembrada. Sin embargo, el Ing. Agr. Luis Cubilla adelantó que prácticamente toda la zafriña se encuentra seriamente afectada por las condiciones climáticas adversas.

Instrumentos de medición y distribución de la superficie de siembra

El consultor Federico Pekholtz presentó las herramientas empleadas para la medición y la distribución de la superficie de siembra en la campaña 2018-2019. La observación satelital de la tierra, basada en la clasificación digital de imágenes, es la más importante. Para conocer los números además se realizaron encuestas y entrevistas con los productores, que son los que finalmente validan la veracidad del trabajo.

Alto Paraná fue el departamento con mayor superficie sembrada, con 949.400 hectáreas. Itapuá, con 768.906 hectáreas, fue el segundo. En Canindeyú se sembró 640.331 hectáreas y en Caaguazú 427.338 hectáreas. Le siguen San Pedro (319.701 ha), Caazapá (210.317 ha), Amambay (137.246 ha), Misiones (47.689 ha), Concepción (25.146 ha), y Guairá (17.864). Paraguarí también se incluyó, con 306 hectáreas. Uno de los puntos destacados de este análisis es la distribución de los pequeños productores. Se estima que unas 953.000 hectáreas pertenecen a aproximadamente 47.700 agricultores campesinos.

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RevistaCampo

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