Los rastrojos como fuente de inóculo de patógenos en arroz y trigo

La presencia de restos de cultivos o rastrojo guarda una relación muy estrecha con el uso eficiente del agua. En primer lugar, los rastrojos protegen el suelo del impacto de la gota de lluvia, reducen el escurrimiento del agua superficial y favorecen la infiltración del agua en el perfil. La tendencia a establecer los cultivos sobre grandes cantidades de residuos ha aumentado a nivel regional y con ello se ha incrementado la oferta de grano disponible, sin embargo, esta práctica trae consigo el problema de las enfermedades, cuyos agentes causales sobreviven en los residuos del cultivo del ciclo anterior. En efecto, la rotación o secuencia de los cultivos que ocupan el mismo suelo se asocia directamente a la proliferación de microorganismos patógenos, los cuales como regla general, son específicos a cada cultivo. Desde el punto de vista de la epidemiología de plantas cultivadas se ha identificado que la capacidad de infección disminuye a medida que aumenta la distancia desde el foco contaminado (rastrojo) y el nuevo cultivo. En otras palabras, la probabilidad de que la enfermedad se reinicie con el contacto directo entre residuo infectado y la nueva planta en desarrollo es mayor cuando se dejan los rastrojos. La mayoría de estas enfermedades son causadas por especies fúngicas que forman estructuras de resistencia como esclerocios, o en forma de saco (asca) que producen las ascosporas. De allí que la permanencia de los residuos vegetales sin descomponer sobre el suelo (en el caso del trigo es de 15 meses) determina directamente la sobrevivencia de las estructuras que el hongo produce para sobrevivir cuando el cultivo no está en el campo. A mayor cantidad de residuos, es de esperar una mayor cantidad de inóculo, y con ello una mayor severidad de la enfermedad en el cultivo. En el año 2016 en un monitoreo realizado en los distritos de Gral. Artigas, Salitre cué, y Caazapá dentro del marco del Proyecto INV 111 fi nanciado por PROCIENCiA/Conacyt se colectaron rastrojos de arroz del cultivo anterior, donde fueron observados un gran rebrote de plantas en el mes de agosto emergidas desde rastrojo infectado con síntomas y signos de la enfermedad llamada mancha parda producida por Bipolaris oryzae. Este mecanismo hace la función de planta voluntaria fuera de la época de cultivo y sirve como fuente de inóculo primario en el siguiente cultivo. Los rastrojos de arroz también denotaron presencia de Sclerotium spp que puede sobrevivir en forma de esclerocios que se observan como una masa esférica dura, compacta sobre la superficie de los rastrojos de arroz y es causante de pudrición del tallo en arroz. Entre otras especies fúngicas identificadas en rastrojos de arroz con una alta incidencia se destaca el género Stemphylium /Pleospora spp. La mancha marrón o helmintosporiosis del trigo producido por Helminthosporium sativum (Bipolaris sorokinana) también es de gran importancia en la Argentina Uruguay y Sur de Brasil y se relaciona directamente con la cantidad de rastrojo que proviene de un cultivo infectado que queda localizado sobre el suelo. Carmona et al. (1999) indican una estrecha relación entre la cantidad de rastrojo infectado y el número de lesiones por hoja y las pérdidas de rendimiento. Los mismos autores informan que con 300 g/m2 de rastrojo de trigo infectado se inducen 70 lesiones por hoja, lo que se asocia hasta con un 50% de pérdida de rendimiento de grano. En el Paraguay la mancha amarilla (Drechslera tritici repentis) es el patógeno más importante asociado a rastrojos y los síntomas en plántulas pueden observarse a los 25 días después de la siembra (Viedma y Scholz 2013).

Esclerocios de Sclerotium spp. en rastrojos de arroz
Esclerocios de Sclerotium spp. en rastrojos de arroz

Estrategias de control. Algunos autores como Bockus (2005) sugieren la siguiente estrategia:

1) control químico de enfermedades,

2) control biológico,

3) resistencia en el huésped, y

4) manejo cultural, y luego afirma que “Ninguna de ellas, por sí sola es capaz de eliminar completamente el problema de las enfermedades originadas en los rastrojos, pero es precisamente la combinación racional de las cuatro estrategias, la que puede minimizar su efecto detrimental en los cultivos”. Por lo tanto, la mantención de rastrojos infectados se puede asociar a un mayor uso de fungicidas y a un aumento en los costos de producción del cultivo. Por otro lado, el mayor uso de fungicidas se asocia a colocar mayor presión sobre las poblaciones de organismos patógenos a tal punto que pueden volverse resistentes a ciertos biotipos. Lo que no sabemos es qué magnitud alteramos los procesos naturales de descomposición de los rastrojos de trigo, al controlar completamente las enfermedades durante el desarrollo del cereal